El otro día fuí con jero a ver al Mag Lari, mago estupendo y divertidísimo. A Jero le gusta la magia, y últimamente se interesa por lo que hacen los magos y hace muchas preguntas. A la salida del espectáculo compramos el libro del Mag Lari y un DVD con una actuación. Ahora estamos devorando el libro (a medias), y el DVD lo miramos mientras tanto, para acompañar, je, je.
En alguna ocasión vimos a un mago hacer aparecer una paloma. Y Jero preguntó, ¿Y esa paloma, de donde ha salido? eh!!? ¿Y si la ha hecho aparecer de "verdad", eh!? eh!?.... a donde irá?
Pues claro. Esa paloma no tenia nido, ni casa, ni estaba registrada en ningún censo de palomas... y no tendrá familia. Además, después de los cientos y miles de actuaciones de magia, una superpoblación de palomas ya ha sido creada, que probablemente está a punto de saturar la tierra.... bueno de hecho ya lo está haciendo en el poblenou, frente al cementeri de l'Est, donde tenemos una plaza que deberíamos llamarla la "gran mancha". Además, si los magos han creado un promedio de una o dos palomas por actuación, teóricamente deberia haber millones de palomas oscureciendo nuestros cielos. Pero esto no es así. O sea, que algo debería pasando, que contrarresta este efecto de "inflación palomar". Entonces de repente lo vi claro:
Cada vez que un mago hace aparecer una paloma, en algún lugar del universo aparece una anti-paloma. Teniendo en cuenta que la materia es equivalente a energía, y que la energía se conserva, no podría ser de otra manera. Entonces, las palomas aturdidas después de la actuación, revolotean despistadas, creyendo haberse materializado en una existencia duradera y promiscua cual fotón. Pero de repente, zas!! Se encuentran una anti-paloma, y desaparecen, y se convierten en un mero eco de los aplausos de una actuación mágica, y su revoloteo queda olvidada en la chistera de algún mago.
Ahora solo queda averiguar que pasa con las anti-palomas que quedan sueltas.... y si éstas podrían explicar la materia oscura del universo.
Tuesday, October 23, 2007
Friday, October 12, 2007
Pedraforca 2007
El 1 de Julio de este año (2007) Jero y yo fuimos con un grupo de compañeros de mi trabajo al Pedraforca. El dia anterior subímos en coche hasta el refugio de montaña, que está a unos 1600 metros de altura. Allí pasaríamos la noche. Después de una cena estupenda, bien provista de hidratos de carbono y proteínas para el dia después, disfrutamos de la luna llena reflejada sobre el pedraforca. La noche estaba tranquila, límpia, apenas si se movía el aire. La montaña nos aguardaba orgullosa de sentirse admirada y deseada.

Los montañeros profesionales, o sea, los que se hartan de veras de subir montañas, se levanta muy temprano. Yo siempre digo que las vacaciones y la actividad física hay que tomárselas con tranquilidad. Sobre todo cuando toca subir unos 1000m caminando. El caso es que nos levantamos de los últimos en el refugio. Natural, allí no se podía dormir. Demasiada humanidad, demasiado ruido. Si es que estamos mal acostumbrados. Jero fué el único que durmio a pata suelta.
El grupo enseguida tomó un buen ritmos de subida. Jero y yo los seguimos hasta cuando pudimos. Después de algunas paradas estaba claro que no podríamos seguir con el resto del grupo. Si le pregunto ahora a Jero me diría, claro, es que ya no estas para esos trotes papá. Hubo un momento en el que ya nos decidimos a quedarnos detrás del grupo. Mi decisión dué ir parando tanto como hiciera falta (ante todo había que disfrutar del paseo) y llegar hasta donde pudiéramos.

Así fue que, poco llegamos hasta la gran piedra. Esa pared de roca que separa el cielo de la tierra. A Jero le había costado mucho llegar hasta allí. Si empezabamos a subir, ya no habría vuelta atrás. Aquella pared nos invitaba a mirar hacia arriba,
a buscar la magia en sus alturas... pero a la vez comprendíamos que aquella pared era el punto de no retorno... bueno, mientras yo me hacía esta película... Jero ya andaba trepando cual spiderman como si nada. Me quedé fascinado, subía las rocas como una arañita sin esfuerzo alguno. Yo lo seguía detrás muy de cerca. Puede ser que estuviéramos como una hora subiendo por la roca. Ya nuestras manos se habían acostumbrado al tacto áspero de la piedra, pero el aire, cada vez más enrarecido nos hacía quere subir más y más... y la roca ya era para nosotros como un compañero de escalada más.

Cuando llegamos al último tramo podíamos ver a los otros que ya habían llegado. Todos se sorprendieron de que hubiéramos podido llegar hasta ahí. El último tramo consiste en varias subidas y bajadas por ls rocas, separadas por desfiladeros de miedo, de no más de metro y medio de ancho. Más allá no hay más que el vacío. Allí arriba se apoderó de nosotros una euforia extraña. Estaba tan alto que todo, hasta mis pensamientos parecía muy lejanos... estaba como flotando en un sueño, en el que los pensamientos quedaban allá abajo en tierra. Allí arriba todo daba igual, la misma realidad se confundía con las nubes que nos rodeaban. Allí terminaba la montaña, pero también terminaban la persecución de la cima, el misterio que perseguíamos, terminaban nuestros miedos a lo desconocido.
Para Jero fue como juego. Al llegar a la cima estaba tan entusiasmado que casi no se para a descansar. Enseguida quería continuar hacía abajo. Creo que fue toda una proeza de su parte, no sólo por el aspecto físico, sino por su determinación a subir la roca. Creo que es todo un héroe, por haber subido el Pedraforca con ocho años, sin un rasguño ni un lamento. Y al dia siguiente estaba tan fresco (mientra otros padecíamos las agujetas en nuestros cuádriceps.... aaargh!).
Aqui hay un video que lo muestra todo: http://genome.imim.es/~nlopez/pedraforca/pedraforca.mov
Los montañeros profesionales, o sea, los que se hartan de veras de subir montañas, se levanta muy temprano. Yo siempre digo que las vacaciones y la actividad física hay que tomárselas con tranquilidad. Sobre todo cuando toca subir unos 1000m caminando. El caso es que nos levantamos de los últimos en el refugio. Natural, allí no se podía dormir. Demasiada humanidad, demasiado ruido. Si es que estamos mal acostumbrados. Jero fué el único que durmio a pata suelta.
El grupo enseguida tomó un buen ritmos de subida. Jero y yo los seguimos hasta cuando pudimos. Después de algunas paradas estaba claro que no podríamos seguir con el resto del grupo. Si le pregunto ahora a Jero me diría, claro, es que ya no estas para esos trotes papá. Hubo un momento en el que ya nos decidimos a quedarnos detrás del grupo. Mi decisión dué ir parando tanto como hiciera falta (ante todo había que disfrutar del paseo) y llegar hasta donde pudiéramos.

Así fue que, poco llegamos hasta la gran piedra. Esa pared de roca que separa el cielo de la tierra. A Jero le había costado mucho llegar hasta allí. Si empezabamos a subir, ya no habría vuelta atrás. Aquella pared nos invitaba a mirar hacia arriba,
a buscar la magia en sus alturas... pero a la vez comprendíamos que aquella pared era el punto de no retorno... bueno, mientras yo me hacía esta película... Jero ya andaba trepando cual spiderman como si nada. Me quedé fascinado, subía las rocas como una arañita sin esfuerzo alguno. Yo lo seguía detrás muy de cerca. Puede ser que estuviéramos como una hora subiendo por la roca. Ya nuestras manos se habían acostumbrado al tacto áspero de la piedra, pero el aire, cada vez más enrarecido nos hacía quere subir más y más... y la roca ya era para nosotros como un compañero de escalada más.
Cuando llegamos al último tramo podíamos ver a los otros que ya habían llegado. Todos se sorprendieron de que hubiéramos podido llegar hasta ahí. El último tramo consiste en varias subidas y bajadas por ls rocas, separadas por desfiladeros de miedo, de no más de metro y medio de ancho. Más allá no hay más que el vacío. Allí arriba se apoderó de nosotros una euforia extraña. Estaba tan alto que todo, hasta mis pensamientos parecía muy lejanos... estaba como flotando en un sueño, en el que los pensamientos quedaban allá abajo en tierra. Allí arriba todo daba igual, la misma realidad se confundía con las nubes que nos rodeaban. Allí terminaba la montaña, pero también terminaban la persecución de la cima, el misterio que perseguíamos, terminaban nuestros miedos a lo desconocido.
Para Jero fue como juego. Al llegar a la cima estaba tan entusiasmado que casi no se para a descansar. Enseguida quería continuar hacía abajo. Creo que fue toda una proeza de su parte, no sólo por el aspecto físico, sino por su determinación a subir la roca. Creo que es todo un héroe, por haber subido el Pedraforca con ocho años, sin un rasguño ni un lamento. Y al dia siguiente estaba tan fresco (mientra otros padecíamos las agujetas en nuestros cuádriceps.... aaargh!).
Aqui hay un video que lo muestra todo: http://genome.imim.es/~nlopez/pedraforca/pedraforca.mov
Subscribe to:
Posts (Atom)